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Hoy es miércoles, noviembre 07, 2007 todavía

Entrada nº 80: Ave vita, morituri te salutant

Es como con aquel viejo escrito...
"¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece? ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla? ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe? ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada a uno fuera de este mundo? Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti" (John Donne)

Hay muchos animales que no tienen conciencia de lo que es la muerte. Ojalá fuéramos muchos animales.
Los elefantes peregrinan en solitario para dejarse morir en ciertos lugares comunes, y se ha filmado a ejemplares examinando huesos de otros elefantes con detenimiento, como si supieran lo que se traen entre trompas. Sólo son suposiciones. Y, sí, ojalá fuéramos elefantes.
¿Por qué tiene razón John Donne? ¿Qué es lo que nos paraliza al llegarnos la noticia de una muerte? Mirada desubicada, silencio y acceso automático al archivo mental "lo-último-que-supe de-él-fue....-. Tristeza y mecancolía. ¿Paralelismos con situaciones pasadas? Sí y no.
En 1ero de Económicas (y en más sitios, digo yo) te enseñan el significado de un gracioso y casi siempre desapercibido concepto: el "coste de oportunidad". Es lo que dejas de ganar cuando discriminas una opción por elegir otra. En eso es en lo que pienso al saber que alguien ha muerto: ya no está vivo. Parece una gilipollez, pero no. La putada de estar muerto es que no estás vivo, con todas las cosas que ello implica. Ya nunca podrás ir a, no podrás hablar con, ni ver a, ni estar con, ni ver crecer a tus, ni acabar aquello que, ni experimentar el, ni ... ni vivir, vaya. No creo que sea el único que piensa en el coste de oportunidad de la muerte de alguien al enterarme que ha muerto. Si se trata de un desconocido, sólo se requiere edad, nombre y desenlace para activar la empatía. Si se trata de un conocido o familiar..eso ya es otra historia.
Pero, eh, no creas que pensar en el coste de oportunidad de un muerto hará que tú, vivo, vivas tu vida al límite y fructíferamente. No. Ahí está la gracia del asunto. Luego llegan los lloros y los agobios, el tormento en la tormenta de la contrareloj por dejar una huella, ¿y para qué? ¿Es necesario, legítimo ese ansia? ¿No es un sinsentido?. Puede que del mismo que algunos animales saben si algo es comestible o no aun sin haberlo probado antes, el ser humano pueda saber que el plato del día en el restaurantexistencia es la intrascendencia. Con guarnición de sucesos negativos que marcan y salsa de divertimentos efímeros e inútiles. No, ese plato no sabe bien.
Luego otros hablan del "Gran Ocaso". La "Gran Ocurrencia", les contesto yo. Un gracioso juego de palabras con el que pasar el rato.
Y esperar.
(Momento MUY pesimista. No me tomes en serio en estos caminos, no los tomes tampoco a ellos)(Nota a mí mismo)(Por eso está en tinta invisible)(¿Qué haces leyendo la puta tinta invisible?)

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6 Comments:

Blogger Isa S.B said...

Y esperar, en todos sus sentidos, o sinsentidos consentidos, porque siempre está el hilo de la esperanza tirando desde algún punto.
Saludos.

09 noviembre, 2007 12:23  
Blogger Paranoide aliterado said...

isa.s.b
Exacto, tener esperanza no es otra cosa que esperar. Una actitud pasiva, un resignarse a dejarse mecer por un oleaje incontrolable e incontrolado. Podría atarse un ancla al cuello y dejarla caer por la borda. El resultado, a la larga, será el mismo.
1 saludo.

09 noviembre, 2007 22:41  
Anonymous Azrael said...

Cuando el oleaje traiga algo de bueno, algo al extremo del hilo en el que teníamos esperanza, el ancla nos impide movimiento alguno, impide que nos agarremos a ese esperanzavidas que nos ha traído la marea, esperar anclado, no es lo mismo ni ahora, ni a la larga.
Rememoro aquella ya trillada frase, pero que no pierde por eso un ápice de su mensaje:
"si lloras porque has perdido el sol, tus lagrimas no t dejaran ver las estrellas"

10 noviembre, 2007 00:14  
Blogger el angel de las mil violetas said...

la esperanza es una espera a mejor, que puede que no llegue, a veces no es bueno esperar tan solo, y hay que ponerse en marcha, incluso con algunas situaciones lo mejor es no hacer nada..
Un beso

10 noviembre, 2007 19:24  
Blogger La interrogación said...

Pues yo lo tengo muy claro. Me he de morir, eso está claro pero no tengo ninguna necesidad de dejar nada para luego.
Lo que a veces me da por pensar es que al estar todo sometido a pensamiento humano y más si pensamos en la muerte cuya explicación, miedo o relación con nosotros se fundamenta en lo que nuestra mente humana piensa.
Efectivamente, si fuéramos elefantes o moscas, todo sería de otro modo. Así que por si acaso, procuro no pensarlo mucho y mucho menos agobiarme por ello.

Besos

12 noviembre, 2007 14:24  
Blogger SuperCoco said...

Los caminos se andan por el simple hecho de andar. Si el objetivo es llegar a algún lado el propio camino pierde su importancia. La vida se ha de vivir sin molestarse por el final. Como dice el dicho: "que me quiten lo bailao"

15 noviembre, 2007 22:45  

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