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Hoy es domingo, junio 28, 2009 todavía

Entrada nº 130: Nihil

" Reconocerás a tu enemigo por su rasgo más característico: respira "

Y cuando te relajes,
Cuando te convenzas
De que exageraste

Llegará el ultraje.
A su merced tus venas
Ya será tarde

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Hoy es sábado, marzo 14, 2009 todavía

Entrada nº 128: En las mismas

"La vida son mil intentos y una muerte, resumen del desacierto"
...
Cómo envidio a la gente sin vida interior que no queda atrapada por momentos de empanamiento mental. Esos momentos en los que intuyes, sólo intuyes, percibir lo que hay detrás de todo. Momentos inútiles. Momentos inútiles y a la vez necesarios.
"Saber que sea lo que sea lo que hay al otro lado de la puerta por cuyo suelo ves asomar luz, te está vetado. Porque eres miserable. Añorar todo lo añorable, de ayer y de mañana. Sumergirte, más y más, un poco más, hasta lo más profundo de la desconexión, aumentando de forma deliberada la tristeza que te asola. Seguir ese rastro de melancolía cuyo origen desconoces. Convertirte todo tú en una mirada perdida, ser uno con la ausencia. Oyes pero no escuchas. Ves pero no miras. No hablas. Estás atrapado dentro de ti mismo. Con miedo de quedarte, y a la vez pidiendo que no acabe, que llegue. El Instante. Nunca" (Entrada nº 47)

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Hoy es miércoles, julio 23, 2008 todavía

Entrada nº 117: Y yo qué sé

Amante de la filosofía, tuvo la mala suerte de ser agraciado con un sentido del humor pésimo.
Se compró un caniche sólo por la ocurrencia de llamarlo Friedrich Caniche. Decía de forma jactanciosa que jamás limpiaba con otro producto que no fuera Mr. Popper. Compraba expresamente ropa una talla mayor que la suya para de ese modo tener que ir al Sartre.

Murió solo y sin amigos.
Su lápida reza: "Pues a mí me hacían gracia"

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Hoy es domingo, julio 13, 2008 todavía

Entrada nº 116: Haikus

Tooodos en la vida hemos escrito alguna vez un haiku, una de esas composiciones minimalistas de origen japo que van del palo yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como, como en el arte moderno más subjetivista actual. Es decir, "he sintonizado en un instante de semi-iluminación con la naturaleza y he escrito unos versillos.. si no me crees o no los entiendes es porque eres un paleto guión pardillo de primera". Ahí va eso (de la ventanilla del bus a mi blog)


El verano
acalora.
A mí todo
me la sopla


El cielo azul
nada me dice.
La ciudad hierve
Personalmente me quedo con el segundo

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Hoy es martes, abril 08, 2008 todavía

Entrada nº 104: Un buen epitafio

Si la vida apesta, y la peste aleja
qué cercana la muerte, qué agradable se presta


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Hoy es domingo, abril 06, 2008 todavía

Entrada nº 103: Afloran aforismos


Cuando la vida deja de ser un reto,
vivir se torna un pasar el rato

-Conmovedor. Y dime, ¿qué harás esta noche?
-Deja que mire antes si echan algo en la tele

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Hoy es jueves, marzo 27, 2008 todavía

Entrada nº 102: Psicópoeta


Observando un atardecer



-
Ah, los colores son corolarios al calor del sol...
-A la luz. Y no sólo del sol.
-Oh, cállate. Qué saben los científicos de poesía.
-Qué saben los poetas de todo lo que no sea inutilidad emotiva. Yonquis subhumanos, eso sois.
-¿Así que Todo es mediciones, leyes y relaciones? ...Pondera esto, imbécil. -Saca un lanzallamas y baña a su interlocutor con el fuego de su pasión-
-¡¡¡Aaaaaghhhhh!!!!!....¡¡¡¡NNiiiooooooogghh!!!!.. -revolcándose incenciado por el suelo. La ropa se le pega a la piel, la piel al suelo. Ojos cocidos y derretidos-
-Descuida, calcinado amigo, tu muerte no será olvidada. -Guarda el lanzallamas, saca un pequeño cuaderno y un boli- No mostraré rencor a tu infortunada ofensa a mi condición. Agradece ahora la presencia de un poeta. Consiente te guíe hacia la inmortalidad del ser. -Comenzando a escribir-
-¡¡¡¡AAAAGHHHH!!!!! OOooooooooohh....................
-Oh, tu fulgor me inspirará. Lo...titularé... "elegía al positivismo"
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Hoy es lunes, enero 21, 2008 todavía

Entrada nº 92: Sr. Juez

“He malgastado mi vida.
La pasión experimentada tantas veces en mi juventud no es más que sombras en la oscuridad de mi senectud. Mi vida, mi obra,
es enteramente intrascendente.
He sentido miedo demasiadas veces, y me he dejado llevar por ellas casi tantas
”
-Wohooooou. ¿De dónde has sacado eso? Jjaj ¿Lo has escrito tú o qué?
-No. Se trata de una nota de suicidio. Fue encontrada en el bolsillo del pantalón que portaba el muy capullo. Está siendo analizada.
-Vaya, en los 10 años que llevo de servicio nunca he visto nada más conmovedor y tierno. Jaj. Capullo... ¿Cuántos años tenía el abuelo?
-21

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Hoy es lunes, noviembre 19, 2007 todavía

Entrada nº 84: Así sin más

Salió de casa a comprar el pan -un comienzo de historia como otro cualquiera-. Fue el mp3 lo que hizo que no escuchara el fortísimo choque de coches que, tras él, lanzó disparada una llanta de acero afilada que rebanó su cabeza cual disco de xena.
La gracia del caso es que no murió enseguida.
Lo que más le dolió fue el impacto del cráneo contra la acera. "¡Pon las manos!", pensó, mientras caía.
[Final alternativo]: Alguien empático, humano, ¡humanista!, que por allí pasaba comprendió lo urgente de la situación y presto se hizo cargo de ella. Había que actuar deprisa: corrió hacia la cabeza, la alzó sin importarle resultar manchado, y con todas sus fuerzas la chutó hacia al infinito cielo.
En sus últimos 6 eternos segundos de conciencia, la cabeza voló hasta ese punto de ingravidez en el que no se asciende ni se desciende. Vio el mundo que las aves gobiernan y sintió las delicias de la brisa y el mareo inocente del vértigo que no se teme.
Un leve calambre, una fuerte punzada. El fulgurante sol se apaga. El osado azul da paso al gris, al blanco, y éste por fin al negro absoluto. Silencio.
Los periódicos no entendieron que murió entre nubes, como un semidios. Ellos se quedaron con la imagen de sandía reventada contra el suelo.

(Estaba en la cama a esto de sobarme y se me ocurrieron las tres primeras líneas sin más. Menos mal que decidí levantarme)

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Hoy es sábado, octubre 27, 2007 todavía

Entrada nº 78: ?¿

No tengo ni idea de por qué he escrito esta entrada. He pillado boli y papel y me he propuesto no pensar mientras trazaba. Al final he visto que la cosa más o menos no iba quedando mal, y entonces no he podido evitar prever mis pasos y viciar la cosa. Pero en fin. Ahí va lo que ha salido.
Muchos de los que se hacían llamar héroes no eran más que farsantes de dorada armadura. Sonreían a las masas que los seguían con un ademán de placer, y era el brillo de sus ojos lo que escondía al mundo el fatigado sentir y débil palpitar de su corazón. Sólo ellos conocían su mísera naturaleza. Sólo ellos, de entre el inmenso resto, tenían que soportar sobre su espalda el abismal peso de la hipocresía, de la soledad de la multitud, del infierno de su soledad. Se supieron siempre iguales, incluso peores que el resto. Pero cumplieron con su rol de mitos vivientes, y como premio sus tumbas se construyeron como monumentos consagrados a la grandeza del hombre. Lograron fingir su desidia y enterrar con ellos el secreto de su sufrimiento. Escogieron confundirse con su leyenda, dejarse asociar a la fantasía de simples mortales deseosos de una luz que los guiara. Enfrentaron cada mañana su sombría mirada a un reflejo que reclamaba el brillo y tenacidad necesarios para perpetuar la farsa. No, no eran héroes. Y sin embargo lo eran.

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Hoy es domingo, septiembre 09, 2007 todavía

Entrada nº 68: Pásame esa brújula

Ayer destruí la palabra mañana,
pero no sin antes planear un futuro de pasados olvidados.
¿Qué me queda?
Un viajero espacio-temporal sin gasolina
(Minitexto rescatado de la papelera tras estar en ella dos días, al buscar un resguardo que pensaba que había tirado)

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Hoy es jueves, abril 26, 2007 todavía

Entrada nº 53: Sin alegría, una alegoría


(Sí, sí, contenido y forma míos)

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Hoy es jueves, abril 19, 2007 todavía

Entrada nº 52: Fallo de lógica

El cuarto en el que despertó era terriblemente angosto e incómodo. Con todo el cuerpo entumecido y la sensación de continuos pinchazos en cuello y hombros, se resignó a no intentar moverse; era menester ahorrar energías, alejar en lo posible la molestia física, y centrar todos sus recursos intelectuales en analizar detenidamente la situación.
Desorientación, confusión, casi total oscuridad y privación sensorial... no son buenos amigos del sano ejercicio del uso de la lógica. Pero Alberto era un tipo sagaz y agudo, y pronto una brillante demostración de autodominio y concentración provocó que, como traído por una brisa fresca, un estado de templanza y de calma ocupara su cabeza: aquella poderosa inteligencia había comenzado a trabajar activamente.
Ignorando esa sensación de intenso frío típica que envuelve al que se duerme en una noche de invierno en cualquier lado, sin arropar, y despierta destemplado (y hasta helado), inició lo que sin duda sería una cadena de sólidos silogismos que le sacarían del atolladero. Se acomodó todo lo que pudo en la incomodísima postura sentada en la que había amanecido, y se propuso tratar de recordar cómo había llegado hasta allí.
Mientras de fondo su respiración, resonando casi más en su interior que en la negra estancia, lenta, calmada, profunda, potenciaba su introspección y labor mental, no pudo evitar percatarse del elocuente aliento a alcohol que escapaba de su boca. Sí. Ahora todo encajaba. Como golpeado por una poderosa maza con la palabra "verdad" grabada en su base, recordó bruscamente toda la fiesta, todo el descontrol, desfase, cubatas, tías y música de la noche anterior. Y que la fiesta era en casa de un tipo al que no conocía.... Mal rollo. Alguien había aprovechado su estado de embriaguez para reducirle y encerrarle en esa especie de pequeña y oscura prisión. Era perfectamente evidente. Eso, o sin más había llegado a un minúsculo cuarto sin saber ni el cómo ni el porqué. No podía ser de otra manera.
No importaba. Lo esencial era que, aislado y con mínima información, había comprendido su mala situación por medio del correcto empleo de la lógica, y se disponía a poner fin a ella.
De repente, ruidos de pasos cercanos abortaron su inmediato plan de acción y erizaron sus sentidos. Voces. No familiares. Posiblemente de quien le había encerrado o llevado hasta ese cuarto. Iban a abrir la puerta, estaba seguro. Bien, fuera quien fuera, pasara lo que pasara, Alberto se preparó para lo peor. Un fogonazo de intensa luz taladró sus ojos, y a ciegas escuchó un sincero y desgarrador grito de terror o de amenaza...Seguido de un
- ¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡¿PERO QUÉ COÑO HACES EN MI NEVERA, TÍO!!!!!!??????

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Hoy es viernes, abril 06, 2007 todavía

Entrada nº 51: Cuentos cortos (¿de miras?)

Antes de despertarse soñaba con que despertar simbolizaba cambio. Así que decidió hacerlo, y no sólo para cambiar el hecho de estar dormido, sino buscando algo más.
"¿Y qué buscas?" Preguntó a su emergente subconsciente.
"Calla y duérmete", dijo éste.
Dicho y hecho. Dormir parecía una buena excusa para soñar.


(Y mira que sigo sin verle el mérito a estas cosas...)

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Hoy es lunes, marzo 19, 2007 todavía

Entrada nº 48: Ningún artista muere de viejo


Dicen de él que fue el mayor de los poetas de cuantos
ha habido y habrá. Tan salvajemente
puso fin a su tragedia, que más que
de suicidio debiéramos hablar de autocarnicería.
Se detestaba a sí mismo.
Escapaba del dolor colocándose con ferviente prosa
y sublimes aforismos que él mismo componía.
Su estado anímico por excelencia era la distorsión emocional.
Sólo entonces volaba.
Maldijo la vida de cuantas formas supo, todas
ellas hermosas y encendidas.
El odio existencial espoleaba su espíritu, y buscando
la muerte prolongaba sin quererlo la agonía.

Hasta que un día se le acabaron las palabras.

Lo encontraron en su habitación, solo, solo, solo.
En la pared, su sangre dibujaba un último y mediocre verso:
Me abandonaste, amiga.
Sin ti, arte, la vida sabe a vida
una ola lo empezó todo

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Hoy es viernes, enero 05, 2007 todavía

Entrada nº 40: Relathostel

-Despierta...
Era su parte favorita, el principio del juego.
Bohemĭus sintió que un hormigueo de impaciencia y bienestar recorría su espina dorsal. -Cálmate -pensó.
-Estás jodido, amigo - dijo sin el menor asomo de emoción. Se enorgulleció de ello. Apartó la vista un instante y la centró con melancolía en un lugar mucho más lejano que las lúgubres paredes que delimitaban la habitación. Recordó unos comienzos de acciones precipitadas, burdas, impulsivas, en las que un aficionado e inexperto Bohemĭus realizaba auténticas carnicerías sin ningún tipo de lógica ni armonía. Pero años de práctica y disciplina habían cambiado eso.
-¿Qué haré contigo?
Un verdadero artista debe ser capaz de invocar sus pasiones, o ser consciente de cuándo éstas vienen espontáneamente a él, y seguirlas, convirtiendo su rastro en arte con la aplicación de su talento. Pero si no sólo las sigue, si trata de viajar junto a ellas, de expresarlas desde una base emocional distorsionada por la fuerza irracional de la inspiración que lo golpea salvajemente, la catarsis del momento ahogará el arte y la pasión se consumirá en un silencio que no dejará testimonio. El artista sólo es el hilo conductor por el que la belleza de la existencia se expresa a sí misma. No puede, no debe, aspirar a más.
Un llanto histérico lo arrancó repentinamente de su ensimismamiento y lo lanzó al presente con brusquedad. Tras una leve sacudida de cabeza para re-enfocar sus pupilas, Bohemĭus reparó de nuevo en lo que tenía delante.
-Bien, ¿alguna sugerencia?........[arg] Sois repulsivos; súplicas y más súplicas ¡Deja de pensar en el mañana! Carpe Diem, céntrate en lo que vas a convertirte hoy gracias a mí.
Empezaremos....por....aquí {-gritos-}

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Hoy es domingo, diciembre 17, 2006 todavía

Entrada nº 38: Parte 3 de 5

-Viene de entrada nº 30-

Me abro paso con facilidad por un medio frío y húmedo. No tengo miedo. Sólo necesité de un intento para atravesar el techo con mi puño. Partí esa maldita pared-techo en mil pedazos. Tuve que hacerlo. En seguida mi pequeña prisión se inundó de la sustancia que ahora atravieso siguiendo la voluntad que me guía “Avanza. Sube”. Sé que la madera era dura y no me duelen las manos “Ya no hay dolor”. Eso no me inquieta, pero me hace pensar que quizá todo esto solamente sea la visión censurada de mi autoabandono: Me elevo, y mi nuevo yo tiene que montar una farsa para no sentir lástima por el querido y adorado cadáver que dejo atrás. Una coartada perfecta para objetores de conciencia metafísica.
Sigo ascendiendo. Es como bucear verticalmente por agua llena de barro muy compacto. Mis dedos actúan como cuchillas y mis antebrazos como palas; no hay resistencia donde debiera haberla. Pero me detengo. Repentinamente no noto presión externa en ninguna de mis dos manos. Flexiono y estiro lentamente mis dedos... nada los oprime. Estoy a punto de llegar a algún lado “No te detengas ahora. Sube”. Un movimiento más y dejo de sentir la presión del entorno en brazos, cabeza y hombros. Una luz muy intensa dirigida a mis ojos me hace cerrarlos por instinto. Paso unos minutos cubriéndomelos con las manos de la hostil y cegadora atmósfera que me recibe, saboreando a la vez el aire fresco que resucita mis pulmones. De pronto, una débil brisa comienza a jugar sin aviso con el vello de mis brazos. La suave corriente de aire parece traerme además un murmullo lejano e ininteligible ¡Gente! Creo reconocer voces humanas. Acabemos con esto.
Aparto con precaución las manos de mi rostro y cercioro que cerrando los ojos con fuerza éstos quedan protegidos. Con prudencia y torpeza comienzo a palpar el suelo más próximo a mí ¿Arena? ¿Hierba? No importa. Estiro un poco los brazos hacia arriba para liberarlos un poco más, y adopto con ellos un ángulo de 90 grados clavando las manos en el suelo. Mi completa fuga se consuma con un último esfuerzo.
Tras cumplir la voluntad y liberarme de la prisión y del cumplimiento de una tarea determinada, ahora actúo como una maldita sonda de reconocimiento extraterrestre. Mientras recupero el aliento y tumbado boca arriba protejo mis ojos, todos mis sentidos estudian el entorno y me regalan sobre-información en forma de olores, sonidos lejanos, leves vibraciones del suelo y sutiles cambios de temperatura. Pero el órgano perceptivo que más me ayudaría en estos momentos sigue inutilizado. Necesito ver.
Y sigue danzando la tímida brisa a mi alrededor, llegando a mí y llevándose el testimonio mudo de cómo me siento con la cara entre las manos y progresivamente permito que pequeñas bocanadas de luz lleguen a mis ojos, un poco más seguros de sí mismos a cada instante que pasa. Por fin mi instinto me da luz verde para abrirlos del todo sin prudencia, y la pétrea visión en la que me reflejo hace que todo lo anterior vivido carezca del más mínimo interés. Una lápida. Dos Fechas. Un Nombre.
Quien inventó la expresión “petrificado como si hubiera visto a un muerto” tuvo que imaginar una escena como ésta.
Ahora sé lo que sucede, comprendo lo que ocurre. Pero me niego a asumirlo. Aunque sea sólo por ejercer mi legítimo derecho como escéptico practicante a la incredulidad, me levanto lentamente sin dejar de mirar esa lápida y doy unos pasos hacia atrás.
Yo estaba... muerto.
Todo encaja; es una puta locura, pero encaja. Joder que si encaja. En este momento soy como el espectador que ve el comienzo de una película por 2da vez conociendo ya el final. Para tratar a un alcohólico debe admitir antes su alcoholismo. Para trascender la muerte, uno debe admitir y comprender que ha muerto. Esa verdad es el puente que debe atravesar hacia la nueva realidad que habita, el punto de inflexión hacia todo lo que no sabía y ya sabe.

!!!!!Un alarido se acerca por mi espalda, arrancándome del ensimismamiento.

-Continuará-

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Hoy es jueves, noviembre 30, 2006 todavía

Entrada nº 36: Metro, última parada

-Claaaro... se te va, tío. Buah, ahora me pillo un café porque no aguanto.
-Lo que creo -Ignora abiertamente las limitaciones de su interlocutor y el intento de cambio de tema -es que es la víctima de otra persona, de una sádica emocional. Alguien cuyo reto es abrir caparazones psicológicos sólo por el placer de la victoria y que luego se desentiende y reniega de su obra. Si no hay desafío, no hay emoción. Ese chico que se sienta en el suelo del final del vagón, que tiene la música a toda hostia como aislante sensorial y no como entretenimiento, que proyecta su mirada perdida más allá de este lugar y que no la apartaría aunque acercara dos hierros al rojo a sus ojos, pues no los vería, ese chico, digo, se está pudriendo lentamente. -Jooder. Hago serios esfuerzos para fingir que sigo leyendo y no mirarlo fijamente. Puta labia la suya. Su amigo lleva sumergido en el periódico unos 3 minutos, pero eso no frena el discurso (pues si lo hiciera yo le pediría que siguiera) - Es algo realmente dramático. Diría que el chaval vivía eficazmente, sin arriesgar, guardando las distancias con el resto. Hasta que llamó la atención de la sádica persona que le ha reducido a ese estadio de subhumanidad. Le engañó. Palabras hermosas, sonrisas, abrazos. Abrió su pecho, se lo llenó de promesas y afecto, y observó el resultado. Objetivo alcanzado. El tipo triste y apático ya era alegre y vivo. Y se fue. Pero olvidó suturar la brecha y el corazón segregó ácido y dolor para sustituir la sensación de plenitud desaparecida. Un ácido que cronometra en su contra y que lo deshace poco a poco, actuando como un lento veneno.
-Y dale con el pavo ese ¿Has visto lo de Mallorca? Nuevo caso de corrupción urb.... -y se bajan del tren. Me doy cuenta en ese momento de que todavía no he mirado al miserable chico del final del vagón del que creo saberlo todo ahora.
Joder. Yo sí veo el humo invisible y huelo la corrosión. Ninguna persona merece ese mal.
Le diría que... ¿no está solo?

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Entrada nº 35: Metro, primera estación

-Ese tipo lleva ácido dentro del pecho, ¿no lo ves? -curiosas las conversaciones que puedes interceptar en el metro si pones la oreja.
-
¿Qué? ¿Y eso a qué viene? -Son dos los amigos del asunto ajeno (sin contarme a mí) los que comercian con la vida de otro como moneda social para estrechar o conservar lazos y alejar el silencio.
-
Porque conozco esa mirada, esa actitud. No necesito oler la corrosión ni ver el humo que escapa invisble por todos sus poros.
-Eh... vale, sí. Pero lo que no entiendo es qué quieres decir con que lleva ácido dentro del pecho, no el porqué lo dices.
-Es una metáfora -responde con un asomo de condescendencia -Ese hombre no tiene corazón, sino un recipiente que alguien ha llenado de ácido y que le está destrozando por dentro. -Involuntariamente el interés vence a mi discreción y levanto la vista un segundo del libro que hace rato que sostengo abierto sin leer para mirar al personaje que usa un lenguaje tan sutil y poco frecuente. Se ha dado cuenta, y parece que la idea de poder estar siendo escuchado por oyentes camuflados envalentona su ego. Vuelvo a esconder mis ojos en el libro y afino oídos -La víctima de un experimento al que aceptó someterse desconociendo los efectos secundarios.

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Hoy es sábado, noviembre 11, 2006 todavía

Entrada nº 30: Parte 2 de 5

Me estoy muriendo. Sí, no puede estar sucediendo otra cosa. No sé cuánto llevo aquí. Ni siquiera sé dónde estoy. Ya no me importa. El dolor está despareciendo. No lloro. No estoy triste. La garganta ha dejado de arderme inhumanamente. Incluso creo estar oyendo mi voz. No sé si estoy pensando interiormente o hablando en voz alta. Sufro alucinaciones. Tengo la impresión de estar palpando con facilidad el techo que limita mi espacio vital a dos palmos de mi cara. Todo se relentiza. La oscuridad total que me rodea baila suavemente y me acaricia con su densidad. No me duelen los músculos. Se acabó la sensación de estar sufriendo el fuego de continuas descargas eléctricas. Respiro sin dificultad, lentamente, saboreando el aire.
Inspiro.
Suspiro.
Inspiro.
Noto mi corazón latiendo en el pecho con increíble fuerza, pero en mi mente no hay turbación ni incertidumbre. Paz. Sé que mi tiempo se acaba. Muero. De pronto la pared-techo me resulta muy atractiva al tacto. Muero, y no siento la más mínima emoción. Quiero... necesito ¿golpearla?. Me apago. Se acaba. Es la única explicación de que mi cabeza no sea un hervidero de sentimientos y pensamientos ante el presentimiento de la llegada del momento más temido en la vida de un mortal. Pared-techo de madera. Destrúyela. Destrúyela. Paz. Sacia ese deseo. No hay interrogantes. No reflexiones metafísicas. Golpéala. No pienso en Dios ni en mi padre. Sólo una voz. "Destrúyela. Sal de aquí". Cálida, inunda todo el espacio que me encierra y reverbera con solemnidad. ¿Es mi voz? Golpea. Paz. Destrózala. Vamos.

-Continuará-

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Aquí antes iba un contador. Hasta que un día le dio por hacer saltar ventanas de publicidad. Aquí ahora no va un contador